Camino del Salvador

Etapa 1: Payares - Campumanes

La primera etapa asturiana del Camino del Salvador se inicia en el límite provincial con León, en las cercanías de Arbas, y discurre en su integridad por territorio del concejo de Lena, a lo largo de 22,21 kilómetros que, en su mayor parte, se corresponden con pistas y sendas de tierra y grava (alrededor de 16 kilómetros del total), siendo el resto del itinerario caminos asfaltados o arcenes de carreteras. 

El recorrido se inicia con un descenso continuado y tendido que se prolonga hasta llegar al pueblo de Samiguel del Río, a orillas del río Valgrande. Se inicia entonces una ascensión que se intensifica notablemente tras pasar el pueblo de Viḷḷar, siendo especialmente pronunciada, aunque corta, la ascensión que conduce al mirador de los Acebos. A partir de este momento, se sucederán ascensiones y descensos no muy pronunciados salvo en puntos muy concretos, como la llegadas llegadas a Fierros y Campumanes. 

En esta etapa hay un predominio notable del paisaje natural, especialmente en el inicio, que discurre por pleno parque natural de Las Ubiñas. Posteriormente se pasará por pequeños pueblos y aldeas, que conservan ejemplos de arquitectura tradicional. Es el caso de Samiguel del Río, Viḷḷar, La Romía Riba, Fierros o Erías, y de núcleos más grandes como Fierros y Campumanes, destino final de la etapa, en la que destaca el gran edificio del palacio de Revillagigedo, con su vecino puente medieval, antaño utilizado por los peregrinos. 

Históricamente fue éste un camino muy transitado por los peregrinos que desde León se desviaban hacia el norte para rendir homenaje a las reliquias conservadas en la catedral ovetense y para ganar el jubileo que a sus visitantes se concedía anualmente. Cerca del inicio de la etapa se localiza la colegiata de Arbas, en la que existía una alberguería ya en el siglo XII. Dejado atrás este centro religioso, se iniciaba el tránsito por un entorno montañoso respecto al que muchos peregrinos de época medieval y moderna dejaron por escrito sus impresiones, dominadas por la sensación de frío, altura y desolación de los paisajes, aunque algunos como Bartolomeo Fontana destacaban, ya en 1539, lo bellísimo del entorno natural de Pajares, rememorando en este punto los versos de una vieja canción de peregrinación francesa que decía “Oh Asturias, bella Asturias, tú eres bella y eres también dura”. 

Existió un hospital de peregrinos en el pueblo de Payares (al margen de la ruta descrita en esta publicación pero que también forma parte del Camino oficialmente declarado Bien de Interés Cultural en Asturias), estando documentado también el refugio ocasional de peregrinos en la capilla, aún existente, de  Nuestra Señora de las Nieves. Otros hospitales existieron en Las Puentes (Puente los Fierros), dedicado a San Bartolomé, en La Frecha y en Campumanes, lugar este último de convergencia de varias de las vías que comunicaban Asturias con la Meseta y punto final de esta etapa. 

Descripción de la etapa

El inicio de esta ruta en Asturias se produce en el alto de Payares, justo en el límite entre las provincias de León y Asturias. Antes, la ruta, procedente de la cercana colegiata de Santa María de Arbas, había discurrido, en paralelo a la carretera nacional, junto a una nave, tras la cual se tomó una pista de tierra y piedra que giró a la derecha, llegando desde este punto a la divisoria provincial.

Una vez en Asturias se baja por una ladera durante algo menos de 400 metros. Es el llamado boquete de La Calera, un pequeño collado sito al norte del puerto de Payares. No existe en este punto un camino trazado como tal, debiendo descenderse entre rocas y prados, a través de la propia falda de la montaña. A medio camino se pasa cerca de un lavadero construido en 1975.

Finalmente, tras pasar una portilla, se llega a la carretera nacional N-634, debiendo cruzarse esta vía, siguiendo de frente por una pista de piedra que conduce, tras unos 60 metros a una nueva portilla, flanqueada la cual se inicia un recorrido en descenso, dejando a mano izquierda un lavadero, conocido como la fuente de la Casa Tibigracias. Se está circulando justo debajo del edificio del antiguo Parador de Payares.

Unos 200 metros después de la portilla, se llega a un prado en una zona llana, surgiendo aquí varias opciones para continuar el camino. Hacia la derecha se prosigue hacia el pueblo de Payares, continuando el camino oficial hacia la izquierda.

Se continúa por lo tanto hacia la izquierda, dando una primera curva que conduce más adelante a otra hacia la derecha, pasando más adelante por encima de las vías del ferrocarril, cerca del túnel de La Perruna (a mano izquierda del Camino) y girando a la derecha, descendiendo por una pista de tierra y piedra, flanqueada por matorral y prados, con excelentes vistas de las montañas del macizo de las Ubiñas.

Se atraviesa zona de acebos, hayas y abedules, en la zona conocida como el Quentu o Canto de los Muertos, estrechándose después la pista hasta convertirse en una estrecha senda de tierra y piedra, que desciende manera pronunciada, en un recorrido con numerosas curvas cerradas por los lugares de Los Col.lao y La Fabariega, hasta desembocar (unos dos kilómetros después de haber pasado por encima de las vías del tren) en una pista forestal, en sentido perpendicular al de la marcha, en la que se produce una bifurcación de caminos. Hacia la derecha se continúa, por la pista, hacia el pueblo de Payares, que cuenta con albergue de peregrinos.

En esta publicación se seguirá la opción de proseguir de frente por la senda, en dirección al pueblo de San Miguel del Río, al que se llega después de 2,4 kilómetros aproximadamente.

Se continúa por lo tanto por la pista de tierra y piedra, dejando inmediatamente a la derecha un lavadero construido en 1966 y, poco más adelante, un conjunto de cabañas ganaderas, a mano izquierda, en el lugar conocido como Polación.

Continúa el descenso, entre árboles y buenas vistas de las montañas, encontrándose más abajo otra cabaña en una curva, en una zona llamada Panizaliega, en la que el camino es ya una pista ancha, con firme de tierra y piedra, que atraviesa el pequeño reguero de La Llana por una pasarela de hormigón, pasando más adelante junto a praderías limitadas por postes de madera y alambre, discurriendo finalmente en paralelo al río Valgrande justo antes de llegar al pueblo de Samiguel, que se atraviesa por un camino asfaltado, pasando junto al edificio de las escuelas, pasado el cual se llega a la iglesia, junto a la que se levanta un tejo, existiendo igualmente una fuente. El cementerio queda al otro lado del río, debiendo cruzarse un puente para llegar al mismo.

Se prosigue por la carretera por los lugares de Veiga y Sabornín durante unos 600 metros hasta llegar a una bifurcación de caminos. Por la izquierda se prosigue hacia Santa Marina y Chanos de Somerón, ruta alternativa del Camino, cuya ruta oficial prosigue de frente en este punto.

Continuando de frente, se sigue por la carretera, llaneando, hasta llegar menos de medio kilómetro después al pueblo de Villar de Pajares.

El Camino oficial bordea este núcleo, prosiguiendo por la carretera. Se puede acceder al núcleo para visitar la pequeña capilla de San Tirso, en cuyo interior se conservan imágenes de exvotos populares.

Tras dejar atrás Vil.lar de Payares, se prosigue por la carretera, durante 1,7 kilómetros aproximadamente, entre prados, árboles y vistas de montañas, iniciándose pronto una ascensión que, tras dos curvas muy cerradas, acaba con la confluencia en la carretera nacional.

Se continúa entonces, por el arcén de la carretera, hacia la izquierda, llegando en 120 metros al mirador de Flor de Acebos, sito en una curva, a la izquierda del Camino, justo encima de la carretera por la que venía discurriendo la ruta jacobea, en su ascensión hasta conectar con la carretera nacional. Desde este mirador se contempla una panorámica excelente del pueblo de Chanos de Somerón, enfrente, en la ladera de la montaña de Carril.

Dejado atrás el mirador, se prosigue por la carretera nacional durante algo menos de 700 metros, para desviarse hacia la derecha por una pista que parte de las inmediaciones de la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, a cuyo lado se pasa.

Tras dejar la ermita atrás, se prosigue por una pista de piedra muy pendiente, que flanquea el edificio religioso por su ábside, pasando poco después el camino a estar empedrado, durante unos metros, para luego convertirse en una senda de tierra y piedra, entre árboles y matorrales, con cierres de parcela a base de estacas de madera y alambre flanqueando buena parte del itinerario.

Medio kilómetro más adelante se sigue hacia la derecha en una bifurcación de caminos, ascendiendo por una ladera hasta llegar más adelante a otra bifurcación de sendas, en la que se toma la de la izquierda, que parte junto a una cabaña sita a menor cota. Se inicia entonces un recorrido por una estrecha senda de tierra, que en ciertos tramos pasa a ser de piedra natural, perdiéndose en ocasiones la propia marca del camino sobre el terreno. Tras un recorrido de menos de 800 metros se llega al pueblo de Romía de Riba.

El Camino discurre entre las primeras casas de La Romíad’Arriba, pasando por delante de un lavadero y enlazando después con la pista de hormigón que articula el pueblo, por la que se prosigue hacia la izquierda, pasando por delante de la fuente de La Romía.

Se sigue, tras la fuente, por la pista, descendiendo entre las viviendas de La Romía hasta que en la curva siguiente, se gira hacia la derecha, prosiguiendo entre unas casas por un camino que pronto pasa a ser una estrecha senda de tierra.

Dejado atrás La Romía, se continúa por la senda de tierra, por un tramo en el que el flanco derecho del camino está reforzado por un muro de contención construido a base de estacas y tablones de madera. Se circula entre una densa vegetación, llegándose tras unos 350 metros a una curva cerrada hacia la derecha, por la que discurre el pequeño arroyo Las Dorgas, que forma en este punto (a los pies del pico Castiel.lu) un pequeño salto de agua, muy pintoresco, estando jalonado por los edificios de dos molinos y con una pasarela de madera por la que se atraviesa el cauce fluvial.

Pasado este punto, se avanza por la pista, entre árboles, buenas vistas hacia atrás de La Romía, y algún tramo de muro de piedra en los bordes de la ruta, llegándose tras unos 450 metros a la iglesia de San Pedro Cabezón, sita en una pequeña llanura en la que también se localizan el cementerio, una bolera y un gran tejo. La iglesia se localiza en Peradiechina, el lugar de divisoria entre los valles de descienden por ambos lados del Pico  El Castiello, a 790 metros de altitud. Existe en este lugar hoy despoblado la tradición de unos “bolos de oro” que habrían sido encontrados bajo el pico Castiello y que se vinculan a la bolera antes citada.

Prosigue la ruta, una vez pasada la iglesia, hacia la derecha, por una pista de hormigón que conduce al pueblo de Naveo, a cuyas primeras casas se llega 450 metros después.

Se pasa junto a una primera construcción y justo después se cruza una pasarela sobre el arroyo Quintana, prosiguiéndose de frente, por un estrecho camino que parte a la derecha, sin llegar a penetrar en el centro de la población, que queda a una cota inferior del camino, a su izquierda.

Se deja atrás Naveo siguiendo por la pista de piedra, que salva una fuerte pendiente inicial, entre las vivienda sitas a mayor cota del pueblo, pasando a continuación a discurrirse por una senda de tierra y piedra, con tramos empedrados. La caja del camino en este punto está muy definida, discurriendo entre taludes de tierra, con puntos concretos en los que existen muros de piedra y cierres de parcelas en colindancia con la ruta, que presenta en ocasiones puntuales firme empedrado.

Se continúa, siempre en ascensión tendida, pasando más adelante el camino a ser una muy estrecha senda de tierra, desde la que se obtienen excelentes vistas del entorno, incluyendo el cada vez más lejano templo de San Pedro Cabezón, o de los distintos pueblos existentes en esta zona. Tras algo menos de un kilómetro desde la salida de Cabezón, se llega a una bifurcación de caminos, en el que se debe optar por el de la izquierda, que pronto pasa junto a una cuadra de piedra, de planta alargada.

El camino es ahora una senda de tierra que desciende de manera acusada, estando en algunos puntos reforzado por escalones en el terreno para permitir un tránsito más seguro.

Durante unos pocos metros enlaza con una pista forestal más ancha, que se abandona en el primer desvío que surge, a mano derecha, volviendo entonces a discurrir por una senda muy estrecha, que avanza en descenso pronunciado, entre árboles y una densa vegetación, con algún tramo en el que el camino está limitado por muros de piedra. Sólo en el tramo final el Camino se ensancha y pasa a discurrir entre muros de piedra, llegándose a un depósito de agua tras el que se accede a las primeras viviendas de la localidad de Puente de los Fierros.

Se desciende al centro del pueblo por una pista de hormigón, en paralelo a las vías del tren y a la carretera nacional. Esta pista llega a conectar con la nacional en una curva, debiendo cruzarse entonces esa vía, para pasar a discurrir el camino por una acera de hormigón, paralela a la calzada y separada de la misma, por la que se circulará los próximos 800 metros. En este recorrido se pasará junto a las viviendas del pueblo, dejando luego a mano derecha un lavadero cubierto y cruzando a continuación por encima del río Pajares. Durante unos metros se circula junto al muro de soporte de las vías del ferrocarril, gran obra de ingeniería de finales del siglo XIX.

Finalmente se llega a un cruce de caminos, junto a una antigua capilla dedicada a San Bartolomé, hoy integrada en una construcción.

En este punto se prosigue hacia la izquierda. De frente, siguiendo por la carretera, se llega en 250 metros al pequeño conjunto patrimonial formado por un puente de piedra y la capilla de Puente de los Fierros, declarado bien de interés cultural

Volviendo al cruce, en el mismo se prosigue hacia la izquierda, flanqueando la capilla de San Bartolomé y la vivienda de dos plantas situada tras ella, pasando a ser el camino una senda de tierra que inicia un ascenso pronunciado, en zigzag,  por una ladera de abundante vegetación, pasando por dos pasarelas de madera y llegando a una estrecha pista con el tramo central hormigonado que asciende hasta el pueblo de Fresneo. Se llega a un cruce, prosiguiéndose de frente (a la derecha, a cuarenta metros, se localiza la pequeña capilla de este pueblo).

El camino deja atrás las últimas viviendas de Fresneo, pasando después a discurrir por una pista de tierra, en ocasiones muy estrecha, que llanea a media ladera, discurriendo entre árboles y prados, sucediéndose las bajadas y subidas no muy intensas, el cruce de pequeños regatos y las buenas vistas del valle de ¿?, para llegar 2,7 kilómetros después (tras haber dejado a mano derecha un desvío que no se toma) a unas cuadras de piedra sitas en las proximidades de la ermita de San Miguel, cerca de la cual se localiza una fuente-lavadero de piedra, a mano derecha del Camino, en el sitio conocido como Barraca.

Continúa la ruta por la senda de tierra, que progresivamente se ensancha, enlazando con otras pistas y caminos, discurriendo siempre entre una frondosa vegetación y, en el tramo final entre muros de piedra, praderías y construcciones aisladas. Sin tomar ninguno de los desvíos que van apareciendo, se llega tras kilómetro y medio al cementerio de Erías (a mano izquierda del camino, tras un prado), contemplándose desde este punto una buena perspectiva del pueblo, al que se llega 250 metros después, por una pista ya hormigonada que conduce al centro de esta población.

Se llega a un cruce en el que es posible tomar un desvío a la izquierda que conduce al santuario de Bendueños. En este cruce existe una vistosa vivienda con dos plantas sobre las que se eleva una galería de madera que sobresale de la planta inferior de la construcción, quedando colgada formando una especie de marquesina elevada.

El camino sigue de frente, pasando junto a una gran casona con escudo, construcciones tradicionales de piedra (una de ellas con un gran horno semicircular adosado a la vivienda) y hórreos. Es posible desviarse por los callejones que se abren a mano derecha del camino para llegar a la iglesia de San Claudio de Erías.

Se atraviesa el pueblo y se accede al barrio alto del mismo, ascendiendo por un camino asfaltado que conduce a las últimas viviendas de Erías, a las que se llega tras ascender una cuesta muy pronunciada, en un lugar de espléndidas vistas de la localidad, con el marco de la cordillera Cantábrica al fondo.

Dejadas atrás las últimas viviendas de Erías, se prosigue por una senda de tierra que asciende a media ladera entre prados, hasta llegar, unos 350 metros después, a una bifurcación, en la que se prosigue hacia la derecha, por un camino de tierra inicialmente muy estrecho, que progresivamente se va ensanchando, descendiendo de manera muy acusada, entre árboles y matorrales. Más adelante el camino estará en parte empedrado, delimitado por muros de piedra en puntos concretos, siendo muy pronunciado el descenso que realiza hasta llegar, tras unos 700 metros, a las primeras construcciones del pueblo de Campumanes, desembocando pronto en la carretera general que cruza este núcleo, debiendo continuarse hacia la izquierda.

Se atraviesa el pueblo por esta carretera, dotada en la travesía de aceras y que va a adoptando sucesivamente los nombres de La Ferrería, La Vega y El Portalón, discurriendo entre construcciones tradicionales, algunas de las cuales todavía conservan los portalones en la planta baja, y otras edificaciones más modernas, incluso algún bloque de promoción oficial de época franquista. Se llega, tras unos 300 metros a un cruce de carreteras en el centro del pueblo, siendo éste el final de la presente etapa.

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